jueves, 22 de octubre de 2009

Volver a vos



Volver a Vos 

Volver a Vos,  volver a ser,
volver a respirar,
saberme sostenido por tu amor,
volver a amar.

Dejar atrás la confusión,
el pozo sin salida.
Volver a estar unido a Vos,
volver a la alegría.

Del barro antiguo, hacia tu imagen,
dejar soplar tu aliento.
Recuperar mi nombre de hijo,
estar vivo de nuevo.

Decirte que por sobre todo,
Dios mío, te deseo.
                                           Mi angustia desandar y anclar 
                                           en tu amor fiel y eterno.

"....El Cielo y el infierno..."




Un discípulo preguntó al vidente:
"Maestro, ¿cual es la diferencia entre el cielo y el infierno?"
Y el vidente responió:
"Es muy pequeña, y sin embargo de grandes consecuencias"
Vi un gran monte de arroz cocido y preparado como alimento. En su derredor había muchos hombres hambrientos casi a punto de morir.
No podían aproximarse al monte de arroz, pero tenían en sus manos largos palillos de dos y tres metros de longitud.
Es verdad que llegaron a coger el arroz, pero no conseguían llevarlo a la boca porque los palillos que tenían en las manos eran demasiado largos. De este modo, hambrientos y moribundos, juntos pero solitarios, permanecían padeciendo hambre eterna delante de una abundancia inagotable.
Y eso era el infierno.
Vi otro gran monte de arroz cocido y preparado como alimento. Alrededor de él había muchos hombres, hambrientos pero llenos de vitalidad.
No podían aproximarse al monte de arroz pero tenían en sus manos largos palillos de dos y tres metros de longitud.
Llegaban a coger el arroz pero no conseguían llevarlo a la propia boca porque los aplillos que tenían eran demasiado largos. Pero con sus largos palillos, en vez de llevárlos a la propia boca, se servían unos a otros arroz.
Y así acallaban su hambre insaciable en una gran comunión fraterna, juntos y solidarios gozando a manos llenas de las personas y de las cosas, en casa. Y eso era el cielo"

miércoles, 21 de octubre de 2009




Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.
Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.
Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.
Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".
Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".

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